Didácticos: herencia de una pedagogía psicoanalítica


“Esos didactas se prestan a un juego de apariencias, a una impostura por la cual se instauran indebidamente, una vez más, en el comienzo de cada análisis, como los que saben”
Jean Allouch

Al parecer, durante los primeros años desde la formación de la Asociación Psicoanalítica Internacional, se instituyó una lógica de enseñanza del psicoanálisis que no deja de parecer curiosa. Freud, el gran maestro y creador de la disciplina, había dejado muy en claro que de los tres pilares fundamentales para la formación de un psicoanalista, aquel con más peso, con más importancia, debía ser la experiencia de atravesar un análisis personal. Fue así como la institución optó por una práctica que poco tiempo después se denominaría análisis didáctico.

«Un didáctico», como comenzó a llamársele en aquella época, consistía en un análisis que por su naturaleza conjugara la experiencia analítica con una forma de trasmisión de la doctrina. Es decir, si alguien albergaba la seria intención de convertirse en psicoanalista debía, por un lado, enrolarse en las filas de los estudiantes de la IPA asistiendo a clases, seminarios y conferencias y, por el otro, elegir a uno de los maestros de la institución y pasar por su diván. Sin embargo, el análisis que allí tendría lugar no sería igual al de cualquier otra persona; tendría, en cambio, la doble intención de que el aspirante se analizara y que, al mismo tiempo, reparara sobre hechos puntuales en donde la teoría podía verse reflejada en la clínica.

Miles de «analistas en formación»[1] pasaron por análisis didácticos de varias sesiones semanales durante varios años con los grandes analistas que la institución tenía para ofrecer, escuchando en sus propias historias de vida los destellos de teoría psicoanalítica. La idea fundamental estaba sustentada en creer que de esa manera los aspirantes podrían aprender sobre psicoanálisis aproximándose, de una sola vez, a sus dos facetas fundamentales: la clínica y la teórica.

Si bien sabemos que la IPA y sus instituciones afiliadas continúan llevando a cabo la práctica de «didácticos», podemos ver que esta modalidad psicoanalítica –si es que puede ser llamada así- es susceptible de varias críticas muy evidentes.

En primer lugar, el hecho de que la decisión de comenzar con un proceso de análisis personal se vuelve impuesta u obligatoria por parte de una institución. Como si comenzar un análisis fuese uno más de un cierto número de trámites burocráticos por los cuales un sujeto debe atravesar en su formación como analista. En segundo lugar, la problemática de hacerlo con alguien perteneciente a la institución que valida a esos futuros analistas y la sensación de estar siendo evaluado que esto provoca. Es decir, sería ingenuo ignorar que, al menos de cierta manera, lo que se diga –o no se diga- en ese análisis influirá para que ese candidato logre el estatuto de analista: “En una sociedad ipaista, desde que alguien es admitido en el didáctico, luego en control, luego como miembro de uno u otro nivel jerárquico, la sociedad que dio curso a esta admisión y luego a esa promoción está impregnada de lo que pasa entre el analizante y su psicoanalista. La partida se juega de a tres: sociedad psicoanalítica, analizante, didacta”[2]. Estas dos cuestiones afectan situaciones fundamentales del comienzo y el desarrollo de un análisis como el apego a la regla fundamental de decir todo cuanto pase por la mente, la transferencia que se genera con el analista que uno ha elegido y el profundo proceso de subjetivación por el cual atraviesa el paciente.

Pero hay algo más allá de estas críticas, algo que no resulta tan evidente y que debemos de alguna forma destacar. Y es la profunda y perjudicial influencia que tuvieron estos análisis didácticos de comienzos de los años veinte en la forma en que ciertos analistas practican el psicoanálisis en nuestros días. Pareciera como si, de cierta manera, algunos aspectos técnicos de los «didácticos» se hubieran filtrado en la forma en que se llevan a cabo los análisis en la actualidad. A lo que me refiero es que uno puede ver en algunos analistas la intención de «explicar psicoanalíticamente» al paciente lo que le sucede. Es decir, como si el objetivo del paso de un paciente por el diván fuera comprender(se).

Entonces las intervenciones de los analistas, tanto las interpretaciones como las construcciones[3], van en función de tratar de expresar el panorama psicodinámico general de las asociaciones del paciente de una forma en que este pueda «comprenderlas mejor»: tomar el discurso del paciente, ordenarlo, rearmarlo y entregárselo ahora mejor explicado y más claro para que él pueda entender lo que le sucede parece ser la tarea del analista.

Como si aquello que se buscaba en los análisis didácticos, es decir, que el aspirante relacionara el contenido de su discurso con los postulados de la doctrina para entenderlos mejor, para lograr una transmisión didáctica y experiencial, se hubiera convertido en la forma actual de llevar acabo un psicoanálisis; aunque ahora el paciente no tuviera conocimientos psicoanalíticos ni tuviera la intención de acercarse a ellos.

En cuanto a este tipo de acciones, Freud siempre mantuvo una postura muy clara: con el concepto de furor educandis intentó disuadir a los analistas de creer que es la enseñanza de los conceptos teóricos la que propicia la cura de un paciente, justamente porque si este saber teórico bastara para curar, los pacientes “sanarían con sólo asistir a una conferencias o leer unos libros”[4]. Pero la experiencia nos ha enseñado que “un individuo aquejado de síntomas neuróticos, por ejemplo, puede aprender, en cualquier libro o curso de psicopatología dinámica, el significado y la génesis de sus síntomas sin que ello le sirva en absoluto para aliviar sus trastornos”[5].

Pero entonces, si lo que se espera que ocurra durante un análisis no es una explicación en términos psicoanalíticos del funcionamiento psíquico del paciente ¿Qué sí lo es? Quizás lo que se espera que suceda en un psicoanálisis es algo distinto: lo que se busca no es algo en el orden de lo intelectual, no es el adoctrinamiento, ni que el paciente comprenda lo que le sucede, ni que descubra situaciones que no había descubierto antes, ni que el analista le explique la «verdadera» razón de su padecer. Quizás el valor de lo que sucede en un psicoanálisis resida en la experiencia.

Es decir, no es que el analista no sepa qué es lo que le sucede al paciente –aunque el hecho de que crea que lo sabe también es discutible-, o que ignore las motivaciones inconscientes que impulsan su actuar, o que no conozca la manera en que el paciente pueda darle solución a lo que le aqueja; el hecho es que todos esos conocimientos, todo lo que analista sabe no sirve de nada. De nada sirve –y la experiencia clínica nos lo demuestra una y otra vez- que el analista le enseñe al paciente que lo que le afecta son los restos de su sexualidad infantil, la inconclusión de su complejo de Edipo o la falta de fuerza de su Yo.

Lo que acaso sí pueda ayudar sea que el analista escuche, que escuche todo lo que el paciente tenga que decir sobre sí y sobre su dolor, que escuche toda la serie de rodeos que tenga que llevar a cabo para descubrir aquello que él es o aquello que quiere llegar a ser. No que el analista le diga al paciente «la verdad», sino que preste su oído para escuchar cómo éste despliega, critica y desarrolla a «su verdad».

Pues si la «cura» no se da en función de un conocimiento intelectual, si no se da por aquello que nosotros  podamos enseñarle al paciente, quizás sea un buen momento para que dejemos de ser didactas y comencemos a ser analistas.


[1] Término confuso en sí mismo y que el mismo Allouch no tardó en criticar: “En ese tipo de Sociedad -¿no es así?- uno es o no es psicoanalista. Así se engendró este bicho raro: el psicoanalista ´en formación´. ¿Se formará como un adolescente ´se forma´ de acuerdo a los cambios predeterminados de un proceso natural? Sí. ¿Qué otra cosa explicaría el uso recurrente de la noción de proceso precisamente allí donde no se da? ¿Qué otra cosa explicaría que uno sea llamado psicoanalista en el comienzo mismo de la ´formación´?”. Jean Allouch, “La etificación del psicoanálisis: calamidad”, pág.  31, México D.F., Me cayó el veinte, 2010.

[2] Jean Allouch, “La etificación del psicoanálisis: calamidad”, pág.  68, México D.F., Me cayó el veinte, 2010.

[3] Con todas las salvedades y precauciones que debemos tener cuando hablamos de estos «instrumentos técnicos psicoanalíticos».

[4] Sigmund Freud, “Sobre el psicoanálisis «silvestre»” [1910], pág. 225, Buenos Aires, Amorrortu, 2004.

[5] Joan Coderch, “La relación paciente-terapeuta»”, pág. 20, Barcelona, Fundación Vital i Barraguer, 2001.

Anuncios

3 comentarios sobre “Didácticos: herencia de una pedagogía psicoanalítica

  1. HHace unos días escuche a una persona recién egresada de psicología decir que ya había comenzado su análisis, porque ella ya tenia a su primer paciente , me pareció aberrante el comentario , no juzgue su ética , pero me hice las mismas observaciones que tu en este escrito tan oportuno . ¿ como decidir asistir a un análisis ? , valla pregunta , vuelvo con el punto en el que siempre estoy desacuerdo la “enseñanza” de instituciones.

  2. Juan, concuerdo contigo en lo que hay de fondo en tu planteamiento y que desde mi punto de vista puede extenderse, y que en efecto se ha hecho, al análisis de las distintas culturas. Es notar que no hay una Verdad inteligible esperando a ser descubierta, sino que la verdad es producto, a veces de una comunidad, de un sujeto en su experiencia y relación con aquello que llamamos “mundo, donde existe la necesidad y por tanto el ineludible dolor…

    Guillermo.

  3. Muy interesante el artículo, directo y claro,
    Una trampa de los ideales para los analistas, que se presenta en las instituciones psicoanaliticas claro que de manera no tan explícita como lo que se llama “Didacticos” pero se hace presente también en otros grupos que critican y pueden caer en un suerte de adoctrinamiento. Y me gusta lo de la “experiencia”, com lo que sucede en un análisis. Es un término que me gusta porque lo tomo no como lo ya sabido por la experincia repetitiva sino por lo que acontece entre esos dos sujetos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s