Entrevista: “Psicoanálisis y surrealismo”


Por Melissa Galván

En un consultorio de aspecto minimalista, con iluminación sobria y un vasto espacio para escuchar cualquier experiencia, sentimiento, problema o quizá, un sueño, el psicoanalista Juan Manuel Martínez, de tendencia Freudo-lacaniana, escritor y miembro de la Escuela de Agnosticismo Analítico, en la cual imparte clases, talleres y seminarios al igual que en diversas instituciones, entre ellas, la Universidad Franco Mexicana y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), nos comparte su enfoque acerca de la relación, si es que existe, entre el psicoanálisis y el surrealismo.

El psicoanálisis se nutre mucho del arte

Partamos de un concepto personal, ¿qué es el psicoanálisis?

Soy una persona que considera que el psicoanálisis es fundamentalmente clínica, incluso surge como un método clínico y, quizá, posteriormente es tomado por otras ramas del conocimiento, como la filosofía y el arte. Pero nosotros, para lo que nos preparamos desde el inicio de nuestros estudios y hasta finalizar, si es que alguna vez se termina de estudiar psicoanálisis, es para atender a los pacientes.

 

¿Y cuál es su relación con el surrealismo?

El surrealismo obtuvo influencia de la noción del inconsciente, de los sueños o del arte onírico, la intención parecía ser representar lo que a un hombre le sucede en ciertos estados psíquicos; es decir, es una propuesta artística fundamentada en las lógicas del psicoanálisis. En ese sentido, quizá podríamos decir que existe una relación estrecha entre el psicoanálisis y el arte surrealista.

 

En alguna de tus actividades, ya sea en la atención a un paciente o como docente, ¿te acercas a las temáticas del surrealismo?

Mis conferencias están siempre relacionadas al psicoanálisis y a la literatura, porque escribo cuentos cortos y poemas. Y esas conferencias las trabajo así porque creo que el psicoanálisis se nutre de la utilización del arte. Freud, el gran maestro de esta disciplina, decía que con el psicoanálisis los médicos empezaron a interesarse en el alma de las personas, pero que los poetas ya lo hacían desde mucho antes. A medida que Freud fue avanzando en el desarrollo de su método descubrió que en la medicina hay un cierto saber, pero que este saber no le correspondía tanto al psicoanalista; al menos no tanto como lo que se juega en el ámbito del arte, pues en el psicoanálisis mucho tiene que ver la sensibilidad propia.

 

¿Por qué consideras que mucha gente relaciona estrictamente el arte con el psicoanálisis?

Hay psicoanalistas que al mirar una obra de arte, ya sea escultura o pintura, son capaces de dar interpretaciones o explicaciones “psicoanalíticas” de las mismas. Habría que cuestionarnos si es posible interpretar lo que “dice” la obra. Y es necesario hacer esa reflexión porque si no la hacemos podríamos caer en un lugar común, el de hacer “lecturas psicoanalíticas” de fenómenos artísticos como el cine, la literatura o incluso la arquitectura; o es más, creer que hay una relación entre el surrealismo y el psicoanálisis solamente porque algunos psicoanalistas se desenvuelven dentro del ámbito del arte. Desde el inicio de la disciplina hubo una relación profunda con el arte, es cierto, pero ir demasiado rápido puede llevarnos a confundir los papeles, a decir que “el psicoanalista es un artista”, por ejemplo.

 

Uno no escribe como psicoanalista, ni escucha como escritor

Son los mismos objetos y el mismo espacio, pero el ambiente se transformó por la tranquilidad con la que fluye la conversación; como si el consultorio mismo estuviera íntimamente involucrado y no sólo cumpliera la función de aposento. Como si se preparara para escuchar alguno de los escritos de Juan Manuel.

Al inicio mencionaste que escribes cuentos. ¿Surge una influencia surrealista para escribirlos?

Mis cuentos no están sujetos al surrealismo, más bien tienen un fundamento fantástico. Surgen de experiencias que tengo en mi vida cotidiana y cosas que se me van ocurriendo, incluso podría decir que mi influencia principal son las lecturas que llevo a cabo. El aspecto fantástico es algo que le brinda a la realidad una posibilidad mucho más creadora, es decir, nos invita a pensar en esa realidad de una forma distinta y a imaginarnos un mundo que puede ser más complejo y entretenido. Un cuento que, por un lado, describa una situación o cuente una historia, y por otro tenga una connotación fantástica es algo que para mí siempre da un valor agregado.

 

¿Por qué te inclinas en emplear figuras fantásticas en tus escritos?

Supongo que es porque la realidad se estructura igual que una ficción… pero eso no lo digo yo, Lacan lo dijo en su momento. Uno ve las cosas que pasan en el mundo y puede creer fácilmente que estamos viviendo en un cuadro surrealista… ¿No?

 

¿Emplearías el surrealismo en alguna de tus actividades, especialmente en los cuentos?

Sí, porque el surrealismo me atrae como movimiento estético, pero no sé desde dónde… no lo alcanzo a entender muy bien. No tiene que ver con algo en el orden de la racionalidad, es algo más bien estético.

 

En el consultorio, sólo puede haber un loco a la vez, sino eso es cualquier cosa… o por lo menos no es un psicoanálisis

El consultorio vuelve a ser consultorio…

¿Has tratado con pacientes que en algún momento te aproximen a una sensación surrealista?

A veces recibo gente que cuando uno la escucha, y por su cercanía con lo que comúnmente se conoce como “locura”, uno siente que tranquilamente podría estar leyendo un texto surrealista. Hay algo en el discurso del paciente, que por la estructura de su lenguaje, la construcción de sus imágenes y la forma en que comunica las cosas que siente y ve, uno puede perder la sensación de estar haciendo algo en el orden de la racionalidad; es cuando uno, a veces, se tiene que dejar llevar a un mundo distinto de aquel en que nos situamos comúnmente. Uno tiene que ser lo suficientemente ingenuo para sumergirse en ese mundo, pero no tanto como para ahogarse.

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¿Existe un interés especial del surrealismo hacia el psicoanálisis, o viceversa?

El interés que tiene el surrealismo por el psicoanálisis nace de una necesidad artística; porque busca en él un concepto filosófico novedoso, como es el inconsciente; una forma de atentar contra la racionalidad, es decir, desde la posibilidad de crear escenarios absolutamente disparatados hasta el poder darle un valor artístico al sueño. Por el contrario, el psicoanálisis, específicamente con Freud, no mostró ninguna determinación por el surrealismo como tal, pero sí se fincó un marcado interés en el arte. Es que, es más, como tal, la Tesis del surrealismo contradice la idea freudiana sobre cómo surge el arte.

La intencionalidad del surrealismo, según Dalí, es representar de la forma más vital posible el mundo del inconsciente. A lo que Freud contestaría “eso es imposible”, porque para Freud el arte es una “sublimación”; lo único accesible para nosotros –y esto es desde la perspectiva de Freud, no te digo que yo piense así- es que “sublimemos” ciertos contenidos inconscientes y entonces crearemos una obra de arte. Pero “el inconsciente” como tal no es representable.

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Los sueños parecen ser un tema fundamental en el surrealismo y en el psicoanálisis, ¿Por qué crees que es así?

Considero que aquí también hay otra diferencia fundamental. Porque el sueño como tal, como fenómeno psíquico, es profundamente irracional. En un sueño pueden pasar cosas que son imposibles en el mundo de la vigilia. Ahora bien, cuando el psicoanálisis interpreta el sueño de alguna manera se esfuerza por darle una lectura racional; suponiendo que el contenido manifiesto del sueño oculta, en realidad, otro sentido, un contenido latente que se devela con la interpretación. Ahora bien, al surrealismo le basta con representar ese contenido manifiesto, en el que los hechos carecen una lógica de causa y efecto, o incluso una lógica temporal en un sentido racional. No le importa cuál sería el significado del sueño, lo estético pasa por representar cómo es el mundo onírico, no por explicarlo.

 

Juan Manuel Martínez es el psicoanalista que nos contesta desde su sillón, con una notable fascinación por el inconsciente y sus efectos. Es quien está preocupado por una transmisión del psicoanálisis que no dependa de la tiranía de la transferencia. Es aquel que reposa en el mismo diván en que podría estar un paciente relajado, dejándose llevar por la línea de su pensamiento. Piensa en muchas preguntas para las cuales, tal vez, haya pocas respuestas, pero la que más interesa ahora es: hacer una reflexión que nos diga si el psicoanálisis acompaña o no al surrealismo, desde qué enfoque, y a partir de qué momento. No digo que la relación sea nula, sólo exhorto a que se haga ese análisis…

Y el consultorio vuelve a quedar vacío, en silencio y esperando a que el próximo paciente llegue a una nueva sesión.

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