El psicoanálisis por Internet, se puede


Transcripción y adaptación: Natalia Blasco

 

Antes que nada quisiera decirles que el título que hemos escogido para este trabajo tiene el objetivo de ser atractivo. Me refiero al hecho de que sea una afirmación. Decidimos plantear el título como una afirmación y no como una pregunta en respuesta a la opinión generalizada de algunos colegas para los cuales la respuesta es un no tajante.

A lo largo de este texto pretendemos analizar la cuestión, plantear perspectivas posibles y, como siempre, ofrecer una lectura crítica sobre el problema. Advertimos al lector que no se trata realmente de si estamos a favor o en contra, sino de explorar dentro de la teoría para averiguar si sería posible o no. Nuestra intención ha sido la de buscar cuáles eran los fundamentos teóricos en los que reposaba dicha negativa tajante y plantear hipótesis para trabajos futuros. Esta investigación fue guiada por dos preguntas: El psicoanálisis por internet, ¿Se puede, sí o no? y ¿Por qué sí o por qué no?

Comenzamos por buscar publicaciones de colegas en donde se trabajara el tema de internet con relación al psicoanálisis porque el objetivo era diagnosticar la perspectiva generalizada. A partir de allí, se puede dividir la respuesta que da el mundo lacaniano al problema de internet en dos grandes temas:

1) Vivimos una época donde la tecnología ha mediado la forma de vivir y en la que hay un avance constante de lo virtual, la virtualidad, los medios digitales, etc., y

2) El psicoanálisis no cede frente a eso, entonces, no se puede atender pacientes por medios digitales.

De lo primero se han escrito miles de textos, unos mejores y otros peores, y la red está inundada de ellos. No hablaremos de eso aquí porque es lo más consabido. El tema en el que vamos a enfocarnos es el segundo: “El psicoanálisis por internet no se puede”. La pregunta evidente es ¿por qué?, ya que muchas de las respuestas encontradas, más que aclarar la cuestión,  la van haciendo más confusa. Pasemos a exponer y comentar algunas citas sobre el tema.

El Congreso Anual de la EOL/NEL llevado a cabo en Octubre de 2016 en Buenos Aires tuvo por título “Hiperconectados. El analista frente a los lazos virtuales”. Así que aprovecharemos que ellos eligieron ese tema de trabajo y comenzaremos por ahí. A modo de introducción, podemos dar un pantallazo general: para estos analistas el problema se asienta en el hecho de que internet ofrece un cuerpo virtual, mientras que la realidad ofrece un cuerpo real.

Para empezar, un fragmento de una entrevista que puede encontrarse en YouTube a Alicia Arenas (Miembro NEL Miami) sobre tema de Hiperconectados 2016:

“Respecto, por ejemplo, al tema de los análisis o al tema de las supervisiones, es un problema porque evidentemente no hacemos análisis por internet, no hacemos análisis online. Uno puede conectarse con un paciente que está de viaje temporalmente, conectarse por Skype para hablar con él una o dos veces, como antes hacíamos con el teléfono si alguien estaba de viaje. Pero eso es muy diferente a hacer un análisis por internet […] No es posible sustituir la persona virtual por la persona de carne y hueso, es decir, lo que sucede allí es muy diferente. Si bien tenemos hoy en día un cuerpo virtual, el cuerpo virtual puede tener efectos en lo real, pero el cuerpo virtual no es el cuerpo real, eso no hay que confundirlo”

La posición es bastante clara: No se puede hacer psicoanálisis por internet porque no se debe confundir la persona virtual, el cuerpo virtual que presenta internet, con la persona de carne y hueso, el cuerpo real. La clave está en cómo se entienden Virtual y Real: Virtual sería lo que se ve en la pantalla, y, Real, la carne y los huesos.

La siguiente cita proviene de un artículo de la psicoanalista de la NEL Medellín, Inés Anderson, ¿Análisis por internet?, del año 2012. La postura es bastante similar:

“Miller[1] plantea que el analista debe poner su cuerpo en la sesión para representar la parte que no se puede simbolizar. Agrega que a pesar de que la tecnología nos permita estar en otros lugares sin el cuerpo, la verdad es que estar allí sin el cuerpo, no es estar allí de verdad”

Entonces, el análisis no se puede practicar porque para efectuar un análisis el analista tendría que “estar allí de verdad”. ¿Y qué significa estar allí “de verdad”? Que el cuerpo del analista esté allí. La cita continúa así:

“José Fernando Vázquez habla de cómo en la realidad virtual la imagen es fundamental y casi pierde su valor de representación y adquiere más bien una voracidad que fagocita la realidad. En el caso de la sesión virtual, me parece que la presencia del analista puede quedar fagocitada”

En la cita se plantea algo como que la imagen se come a la presencia. ¿Pero qué se quiere decir con presencia? El cuerpo. Sería importante esclarecer cuál es la idea de imagen que se desprende de este fragmento. En la cita de Inés Anderson se da por sentado que la imagen tiene un “valor de representación”. Es decir, la imagen es eso que representa a la cosa, pero sólo la representa, no es la cosa. No sabemos si José Vázquez es psicoanalista, pero si ustedes leen El estadio del espejo de Lacan, verán que la imagen del cuerpo propio es constituyente, no constituida. Es importante resaltar que no es que haya un cuerpo y la imagen reflejada en el espejo sea su representación. Es más bien que la imagen constituye, crea la cosa, crea el cuerpo. No se trata de la representación de algo que ya está. Antes de esa representación no hay nada, pero a partir de ella hay un cuerpo.

De otra entrevista en el mismo tenor, a Marie Hélène Brousse -NEL México-, también para Hiperconectados 2016, rescatamos lo siguiente:

“La hiperconectividad implica la desconexión de la palabra con el cuerpo. Ya existía pero es ahora generalizada […] La cuestión es que la hiperconectividad realmente enchufa la palabra no necesariamente a un cuerpo sino a orejas que no hay”

Este final es muy propio de la poética de algunos lacanianos. Suena bonito pero no alcanzamos a estar seguros de lo que quiere decir, así que sobre ese final, no diremos nada. Pero desde la primera parte de la cita asoma una idea: La tecnología desconecta la palabra del cuerpo. Es como si el sonido que proviene del gadget tecnológico no tuviera relación con el cuerpo. Un momento después dice muy pertinentemente: “Ya existía…”. Y es absolutamente cierto. Este diagnóstico ya fue hecho por Lacan, por muchos filósofos franceses de la segunda mitad del siglo XX y por la lingüística: Las palabras no provienen ni pueden ser referidas al cuerpo que las dice. Es decir, no hay autor[2]. No hay quién dice. Esto ya fue diagnosticado mucho tiempo antes de la revolución tecnológica, porque en la época de Foucault y de Barthes no existía Snapchat… Pero queremos destacar que Marie Hélène Brousse, lo usa como un argumento para sostener que la hiperconectividad despega las palabras (simbólicas) del cuerpo (real).

Un ejemplo más que encontramos en la red es un texto de la psicoanalista Susana Salce, intitulado ¿Quién es el otro en el universo del gadget? del que destacamos un fragmento:

“El 2 de Septiembre de este año, se publicó en el Corriere de la Sera –de Italia- una noticia periodística que incluía una foto. En la foto hay un grupo de policías tratando de disuadir a una joven que amenaza con arrojarse a la aguas del Bósforo. Separado de ese grupo, hay otro policía sacándose una Selfie en el mismo momento en el que, a sus espaldas, el cuerpo de la joven cae al agua. Podría decirse que en lugar de cumplir con su función de asistencia al otro, el funcionario público, estaba ocupado mirándose en su aparatito. Esta escena me hizo pensar en el mito de Narciso y me pregunté por qué cuando alguien se aliena en la imagen, algo respecto del cuerpo se desanuda. Cuando Narciso quiere abrazar su imagen el cuerpo cae. Alienados en un mundo de imágenes los cuerpos parecer perder consistencia”

Dejando a un lado la connotación despectiva que tiene la palabra “aparatito”, creemos que la idea es básicamente la misma: Si uno se mira mucho en el celular, se desvanece el cuerpo. ¿Pero qué mira uno? La imagen virtual. ¿Y qué es lo que pierde consistencia? El cuerpo real. La oposición está claramente marcada. Pero vale la pena destacar otro error muy común que es el de relacionar el fenómeno del Selfie con el Narcisismo o con el mito de Narciso. Es un error porque el Selfie tiene como intención subirse a las redes para que otros la vean. Lo que busca el Selfie es la aprobación de los demás. Esto no es lo mismo que lo que le pasó a Narciso que estaba solo con su imagen reflejada en el estanque. La intención del Selfie no es que yo me vea, sino que otros me vean –y calcular cómo es que me ven-.

Entonces, en este punto se nos planteó un problema: todos estos analistas sostienen la línea de J. A. Miller, por lo que nos preguntamos si se trataba de una idea de Miller o de una idea únicamente de los discípulos de Miller. Para resolverlo acudimos directamente a los textos de Miller, de los que se traen algunas citas.

Comenzaremos por el fragmento citado por Inés Anderson. Proviene del curso Los usos del lapso (miércoles 17 de noviembre de 1999):

“Uno siempre se hace la pregunta: ¿Y por qué no puede uno hacer un análisis escrito, si uno también puede descifrar, interpretar lo escrito? Por qué no puede uno hacer análisis por teléfono, si al menos uno tiene la voz y, luego, mañana, tendremos la imagen. ¿Por qué uno no hace análisis en video conferencia, video psicoanálisis? Es porque es necesario que el analista ponga su cuerpo allí. Él o ella deben poner su cuerpo allí para representar la parte no simbolizable. La tecnología está en el lado anticipatorio del milenio; la tecnología nos permite, sin duda, estar allí sin el cuerpo, es verdad. Pero estar allí sin el cuerpo no es estar allí, no es la verdad de la verdad de la verdad. Sin duda alguien les podría decir: uno puede dar la voz, uno puede dar la imagen, y mañana uno dará el olor, y ¡quizás uno dará el clon! Pero se mantiene para el próximo milenio también: habrá una parte de goce no simbolizada y esto es lo que llama por la presencia del analista” (Pág. 31-32)

Aquí nos encontramos exactamente la misma idea: Un análisis requiere de la presencia del analista… pero ¿Qué significa presencia en este contexto? Poner allí el cuerpo. Porque estar allí sin el cuerpo no es estar allí de verdad. Lo verdadero parece ser el cuerpo. En un análisis, estar allí de verdad, es que el analista esté de cuerpo presente.

Hasta aquí, podemos comenzar a tener una posición frente a estas ideas. Pero, lo cierto es que no podemos analizar este punto a detalle sin plantearnos las preguntas ¿Qué es el cuerpo para estos psicoanalistas? y ¿Por qué es tan importante ubicarlo físicamente allí?

El libro titulado Embrollos del cuerpo, presenta una conversación entre Jacques Alain Miller y otros psicoanalistas en torno a casos clínicos allí presentados. La reunión recogida sucedió el 16 y 17 de enero de 1999. Abordamos su lectura con la siguiente pregunta: ¿A qué se refieren cuando hablan de cuerpo? Compartimos, de este texto, una cita de Miller:

“Lacan habla de “embrollos de lo verdadero”. Son los embrollos de lo verdadero en su relación con lo real. Llegué a argumentar que la palabra embrollos connotaba especialmente en Lacan, en su última enseñanza, la relación con lo real. Digamos que lo real embrolla lo verdadero porque no se deja dominar por lo simbólico ni por lo imaginario.

En este caso los diferentes trabajos toman el cuerpo como un real, como si no se dejara dominar, lo que constituye una vecindad entre los casos de psicosis y de histeria. La expresión de Lacan que se discute en ciertos textos, el rechazo del cuerpo, expresa la impotencia del significante para dominarlo […] Aquí nos enfrentamos a sujetos embrollados con el cuerpo, y a punto tal que la cuestión que se plantea frecuentemente es saber si el sujeto es analizable porque para analizarse no hay que estar exageradamente embrollados con el cuerpo. El sujeto debe al menos poder desembrollarse y eso pasa por la simbolización” (pág. 98-99)

Con esto se responde a la pregunta: a lo que se refieren con cuerpo es al cuerpo como real. O, como también lo denominan en el texto, Lo real del cuerpo ¿Pero cómo deberíamos entender aquí real? Si tomamos únicamente esta cita, real sería lo que “no se deja dominar por lo simbólico ni por lo imaginario”. Es decir, algo del cuerpo que “no puede dominar el significante” y que, por ende, “no pasa por la simbolización”.

Una cita más de Miller, proveniente del texto Los signos del goce:

“En la ciencia la consecuencia de esta posición romántica es dejar de plantear que hay que curar al hombre, porque esta enfermedad es esencial. El efecto inmediato de esta definición, que es muy general –y que por cierto no es sólo de Lacan-, es el antibiologismo […] No se trata de negar que lo real exista, que existan datos biológicos, fisiológicos, orgánicos y naturales. No se trata de negar que hay una animalidad del hombre, que hay instintos, necesidades, la estructura del organismo. Se trata de plantear que en el hombre todo está dominado por otro orden de realidad” (pág. 171-172)

¿Cuál sería este otro orden de realidad? Pensamos que se refiere a lo simbólico, a lo que está implicado por el significante. Pero, ¿Qué es lo real? Lo primero, lo primitivo, lo animal, lo orgánico.

Miller está siendo aquí muy hegeliano. ¿Recuerdan la idea de Hegel? En la tierra hay animales, hasta que uno de ellos decide arriesgar su vida por puro reconocimiento. El deseo animal es el deseo por un objeto, en cambio el deseo humano es el deseo por otro deseo humano. En este fragmento encontramos la misma idea: Una base animal sobre la que se monta lo humano. ¡Es Aristóteles a la letra! Con su idea de animal racional.

Compartimos una cita más del mismo texto para redondear la idea:

“Busquen en toda la etología animal y verán que, cuando se respeta la integridad del ser vivo en su medio –es decir, cuando no se introduce ninguna modificación-, no podrán encontrar nada que tenga ese aspecto subjetivo; lo único que encontrarán será de orden imaginario. Lacan utiliza los servicios de la etología porque la observación del comportamiento animal acentúa la función enteramente real de las imágenes en ese comportamiento. Para que surja el laberinto simbólico hará falta una intervención quirúrgica, hará falta el estrago introducido en el orden natural por el especialista” (pág. 210)

Lo que se está diciendo es que primero tenemos una animalidad que se caracteriza por vivir en lo real, a lo sumo en lo imaginario, y que no se posee subjetividad. Para que surja lo simbólico habría que hacer una intervención quirúrgica que introduce un estrago en el orden natural. Sólo entonces tenemos un humano.

Desde esta perspectiva, parece que lo real es pre-simbólico, y habría algo de ese real que aun con la existencia del significante no se dejaría dominar. Al parecer, el analista tendría que poner en el dispositivo analítico este cuerpo –el cuerpo real, pre simbólico, el organismo- para simbolizar aquel resto de goce que queda por fuera del significante. Lo que los millerianos llaman Lo inefable.

La conclusión a la que llegamos en el análisis de estas citas es que, para los analistas lacanianos/millerianos, la triada Real, Simbólico, Imaginario[3] podría resumirse así:

Real

Simbólico

Imaginario

Cuerpo Palabra

Imagen del cuerpo

Para continuar con esta exposición, compartiremos un fragmento proveniente de un video de Slavoj Zizek que podrán encontrar en YouTube, del día 19 de abril de 2016, en el que Zizek hace una crítica muy contundente a la idea de Real de Miller:

“Pero yo tengo otro problema con Miller: la búsqueda de Miller por lo real puro, fuera de lo simbólico. Ese real aún no manchado por lo simbólico, que le atribuye a Lacan, creo que tiene que ser abandonado. Trágicamente, Miller se aproxima mucho a Deleuze en esto. En un modo muy deleuziano, repitiendo literalmente una fórmula del Anti-Edipo, Miller habla del verdadero inconsciente pre-edípico, abajo del freudiano. Como si primero tuviéramos el movimiento puro pre-edípico de las pulsiones […] y como si sólo en una posterioridad -lógica, no temporal- esto se ordenara. Ordenado por elucubraciones simbólicas, forzado por la camisa de fuerza simbólica de la lógica binaria, de la ley paterna, de la castración, de la estructura normativa, de dos identidades sexuales, etc. De acuerdo con Miller, incluso las fórmulas de la sexuación de Lacan caen en esta categoría, ellas son un esfuerzo por agarrar, por simbolizar lo real, imponiéndole una lógica binaria […] Mi punto aquí es muy simple, mi reproche a Miller: sería muy bueno para él leer a Lacan un poquito. Porque, desde una perspectiva lacaniana, hay algo terriblemente mal con esta línea de razonamiento: Miller pasa directamente de lo real como naturaleza –que sigue su ritmo regular o sus reglas- al real puro, sin reglas. Lo que pierde aquí es,  pienso, precisamente lo que Lacan llama lo real. Ahora llegamos al punto crucial, incluso filosófico. Lo que Miller hace aquí es algo contra lo que Lacan nos advierte todo el tiempo: esta idea de que lo real tiene algún tipo de presencia sustancial por fuera de lo simbólico, y que posteriormente nuestra razón, nuestro Logos –no sólo en el sentido de racionalidad sino también en el sentido de la simple articulación simbólica- está cargado de un desesperado empeño secundario de simbolizar, de dar sentido, de introducir orden en este real. Afirmo que este real sería algo como la Cosa-en-sí kantiana, un afuera puramente irregular […] Para Lacan lo real no es algún tipo de presencia sustancial fuera de lo simbólico, lo real es un obstáculo inherente, una imposibilidad, inscrita en el orden simbólico en sí mismo. Lo real es totalmente inmanente, lo real es algo por lo que toda simbolización falla, pero no es un obstáculo externo. […] Lo real es la imposibilidad inmanente propia del orden simbólico. Lacan lo dice literalmente: lo real es un impasse de formalización”

Todo lo que Zizek plantea al final de la cita, se desarrollará más adelante. Por lo pronto, se ve claramente la crítica a la idea de real que encontramos abiertamente en Miller y en los analistas citados al principio. Zizek nos dice que la idea de real que Miller atribuye a Lacan, no es de Lacan. Incluso es una idea sobre la que Lacan nos advierte. Es una idea kantiana sobre la cosa en-sí y la imposibilidad del lenguaje de nombrarla. El problema es que en Lacan las categorías de Real, Simbólico e Imaginario están absolutamente subvertidas. Lo cual no es sorprendente, ya que la subversión es una característica propia de los planteamientos de Lacan, pero que a su vez genera que sean absolutamente contra intuitivos.

Si lo ven a detalle, las categorías de Real, Simbólico e Imaginario de estos lacanianos son profundamente intuitivas. Se acomodan muy bien al sentido común: Lo real es el cuerpo consistente, lo imaginario la imagen de ese cuerpo que vemos en el espejo y lo simbólico toda la abstracción que resulta del hecho de vivir en un mundo de lenguaje. Pero cuando uno lo busca en Lacan la cosa se vuelve más complicada. Trataremos de exponerlo para ustedes pero, para empezar, compartimos este pequeño resumen:

 

Real Simbólico Imaginario

Lacanianos

Cuerpo Palabra

Imagen del cuerpo

Lacan Lo que proviene del agujero Lo que agujerea

El cuerpo

La primera cita de Lacan que analizaremos corresponde al Cierre de las jornadas de estudio de cárteles de 1975. Como se dijo anteriormente, para Lacan, lo imaginario no es la imagen del cuerpo sino el cuerpo, el cuerpo entendido en su consistencia material. Eso que consiste cuando lo tocamos, eso es lo imaginario. Trataremos de rastrear esta idea en las citas siguientes:

“Cualquiera que hable de dialéctica siempre evoca una sustancia. La dialéctica es esencialmente predicativa, produce antinomia, y no hay ningún predicado que en sí mismo no se sostenga en una sustancia, ya que es muy difícil hablar a-sustantivamente, sobre todo porque cada uno de nosotros se imagina ser sustancia. Evidentemente es muy difícil quitarles eso de la cabeza, aunque todo demuestre que cada uno de ustedes no son como mucho más que un pequeño agujero” (Pág. 8)

Lacan es muy claro. Quizás, el primer engaño de lo imaginario sea hacernos creer que cada uno de nosotros es sustancia, es cuerpo consistente. Y es muy difícil dejar de pensar así, incluso aunque  no seamos cuerpo sustancial sino, más bien, agujero.

Ahora bien, ¿Por qué en la teoría de Lacan somos agujero y no cuerpo (consistencia)? Porque nosotros somos un efecto de aquello que agujerea lo imaginario, es decir, del significante. El cuerpo es lo imaginario que da la sensación de consistencia cuando, en realidad, somos un agujero creado por el significante.

Una cita más de Lacan del mismo texto y en el mismo sentido:

“Para lo que pertenece a lo simbólico, hay algo sensible que constituye agujero. No sólo es probable, sino manifiesto, que todo lo que se refiere a lo imaginario, es decir, a lo corporal, es lo que surgió en primer lugar; allí no solo constituye agujero, sino que el análisis piensa todo lo que se refiere al cuerpo en esos términos[4], y toda la cuestión es saber en qué la incidencia del lenguaje, la incidencia de lo simbólico, es necesaria para pensar lo que en torno del cuerpo, fue pensado en el análisis ligado a diversos agujeros. No es necesario aquí señalar en qué medida lo es lo oral, lo anal, sin contar los otros que he creído que debía agregar para dar cuenta de lo que es la pulsión, no es necesario señalar que la función de los orificios en el cuerpo está allí para designarnos que no es un simple equívoco transportar el término “agujero” de lo simbólico a lo imaginario” (Pág. 5)

¿Por qué Lacan propone que lo simbólico genera agujero? Lo piensa en la lógica del S1 y S2. Cuando el significante es puesto en relación, allí se genera un espacio, una hiancia, un hueco, una oquedad, un vacío, un agujero que agujerea la supuesta consistencia de lo imaginario.

La siguiente cita del Seminario 22 RSI, Clase del 15 de Abril de 1975, se refiere a esto:

“Replegando el inconsciente sobre lo Simbólico, es decir sobre lo que por el significante hace agujero”

Ahora todo el esquema Milleriano queda subvertido. Lo imaginario no es la imagen del cuerpo sino el cuerpo consistente y lo simbólico no son las palabras sino lo que crea agujero. Pero este es un problema central para lo que a nosotros  interesa. Porque, al parecer, aquello verdadero que el analista tendría que poner en la sesión, es decir su cuerpo real, no sólo no es real para Lacan, sino que implica un engaño imaginario. ¿Qué engaño? El de creer que somos sustancia corporal.

El modelo definitivo que utiliza Lacan para pensar este problema es el nudo borromeo. En el que lo imaginario es aquello que brinda consistencia (y en el esquema está claramente especificado como cuerpo), lo simbólico es lo que hace agujero (en la consistencia imaginaria) y lo real es lo que ex-siste a ese agujero, lo que puede existir por el hecho de que ese agujero se haya producido.

Compartimos otra cita de Lacan, del Seminario 22 RSI, clase del 18 de marzo de 1975:

“Henos aquí, pues, en lo que vuelve más sensible que todo la relación del cuerpo con lo Imaginario. Y lo que yo quiero hacerles observar, es esto: ¿podemos pensar lo Imaginario, lo Imaginario mismo en tanto que estamos en él tomados por nuestro cuerpo, podemos pensar lo Imaginario, como imaginario, para reducir, si puedo decir, de alguna manera, su imaginaridad, o su imaginería, como ustedes quieran? ESTAMOS en lo Imaginario”

Entonces, si estamos tomados por nuestro cuerpo estamos en lo imaginario. Lacan no dice tomados por “la imagen de nuestro cuerpo”, se refiere al cuerpo como consistencia. Quizás eso es lo que les pasa a estos analistas: están en lo imaginario tomados por la idea de que el cuerpo es lo real.

Una cita más para continuar con esta misma idea, ahora del Seminario 23, de la clase del 11 de mayo de 1976:

“Esta forma del “dejar caer”, del “dejar caer” de la relación con el cuerpo propio, es completamente sospechosa para un analista. Esta idea de sí, de sí como cuerpo, tiene algo que tiene un peso. Eso es lo que se llama el ego”

La idea de la relación con el propio cuerpo debería ser sospechosa para un analista, y sin duda pensar que uno mismo es su cuerpo es una idea que tiene peso. Es probable que Lacan lo afirme en dos sentidos: primero, el hecho de que un cuerpo sustancial tiene un peso que puede calcularse, y que ocupa un lugar en el espacio en el sentido de su existencia tridimensional; y segundo, lo potente de la idea: el peso que tiene para nuestro pensamiento y nuestra forma de concebir el mundo pensar que somos un cuerpo sustancial. Es una idea pesada, difícil de mover o cuestionar.

Entonces, si lo imaginario es el cuerpo consistente, y lo simbólico es lo que hace agujero, ¿Qué es lo real? En su crítica Zizek decía: “Lo real no es un tipo de presencia sustancial por fuera de lo simbólico”. Y en la siguiente cita del Seminario 25 Momento de concluir, clase del 17 de Enero de 1978, Lacan afirma:

“El hecho de que el ser viviente se defina casi como un garrote (trique), a saber que tiene una boca, incluso un ano, y además algo que amuebla el interior de su cuerpo, es algo que tiene consecuencias que no son escasas. Me parece a mí, que eso no carece de relación con la existencia del cero y del uno[5]. Que el cero sea esencialmente ese agujero, es lo que vale la pena que sea profundizado […] Eso tiene la más estrecha relación con lo que articulamos en lo que concierne al cuerpo. El cero, es un agujero y tal vez él podría decirnos mucho más, hablo del cero y del uno como consistencia”

Lacan piensa el uno como consistencia: 1 manzana, 1 piedra, 1 cuerpo. Pero el verdadero desafío, la pregunta en la que habría que profundizar es: ¿Qué existencia tienen 0 manzanas, 0 piedras o 0 cuerpos? ¡Eso es algo que podría decirnos mucho más!

Por eso durante el Seminario 18 Lacan propone un Neologismo: l´achose (La acosa). Utilizando el alfa privativa para exponer que es aquello que no tiene cosa, lo que no tiene presencia sustancial, lo acósico. Una cita del Breve discurso a los psiquiatras del año 1967:

“Y la cosa, que incluso, si ustedes quieren, escribiré así: la acosa, para indicar bien que ella no se distingue ahí por su presencia”

Es justamente por esto que Lacan retoma el trabajo con los nudos, porque ¿Qué tipo de existencia tiene un nudo? Claramente, no sustancial. Un nudo es lo que se forma con la cuerda que forma el nudo, pero no es la cuerda.

Una última cita proveniente del Seminario 23, de la clase del 13 de enero de 1976:

“¿Qué es lo que quiere decir la consistencia? Eso quiere decir lo que se mantiene junto, y es precisamente por eso que esto está simbolizado en este caso por la superficie, porque, pobres de nosotros, sólo tenemos idea de consistencia por lo que hace bolsa[6] o trapo. Es la primera idea que tenemos de ella. Incluso el cuerpo, es como piel que retiene en su bolsa un montón de órganos que lo sentimos. En otros términos, esta consistencia muestra la cuerda. Pero la capacidad de abstracción imaginativa es tan débil que de esta cuerda, esta cuerda mostrada como residuo de la consistencia, que de esta cuerda excluye el nudo. Ahora bien, es sobre eso quizá que puedo aportar el único grano de sal del que a fin de cuentas me reconozca responsable; en una cuerda el nudo es todo lo que ex-siste -en el sentido propio del término, tal como lo escribo- es todo lo que ex-siste propiamente hablando […] de manera que el nudo, propiamente hablando, no constituye su consistencia, porque de todos modos hay que distinguir consistencia y nudo. El nudo ex-siste, ex-siste al elemento cuerda, cuerda consistente”

Entonces, lo imaginario consiste y lo real es aquello que ex–siste a la consistencia de lo imaginario. Lo imaginario es la cuerda, lo real es el nudo. Es una idea profundamente contra intuitiva porque nosotros, en general, tendemos a pensar que lo real es la consistencia material, pero eso no tiene nada de real para Lacan. Eso es estrictamente bolsa, cuerda, imaginario. Lo real es aquello que surge del agujero que lo simbólico efectúa sobre lo imaginario. Entonces lo real no es previo al significante, sino un efecto de la articulación significante.

Con todo esto un poco más claro, surgen perspectivas novedosas sobre el tema de si es pertinente practicar el análisis por internet. En la lógica de Miller no se podía porque para él internet no permite la presencia de lo real. Porque impide que uno sitúe allí el cuerpo. Y para él hay algo del cuerpo que es real porque no se deja dominar por el significante, y resta siempre inefable.

Ahora bien, a tenor del desarrollo que les hemos presentado no se genera ese problema. Porque aunque internet no permite la presencia del cuerpo como consistencia en la sesión, este impedimento es únicamente imaginario, no es real ni es simbólico. Entonces, con este modo de lectura quizás el psicoanálisis por internet podría ser posible.

[1] Esta cita de Miller es traída más adelante.

[2] A este respecto son conocidas las obras de Michel Foucault ¿Qué es un autor? y la de Roland Barthes La muerte del autor.

[3] Tal y como lo propone Alfredo Eidelsztein en sus múltiples trabajos sobre el tema

[4] Porque recuerden que Freud pensó la pulsión en referencia a los agujeros del cuerpo.

[5] El gran problema de occidente para aceptar los números arábigos fue la existencia del 0, por la idea barroca de que por los agujeros se mete el diablo.

[6] La bolsa es una de las formas en las que Lacan se refiere al cuerpo a partir del seminario 9.

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